jueves, 22 de noviembre de 2018

Hazme un retrato!


Las representaciones gráficas o visuales, han existido desde que el ser humano logró comprender su entorno y encontró la forma de poderlo plasmar, esto ya sea en pinturas, figurillas o cualquier manifestación que lograra personalizar para dotar de significación lo representado. El retrato ha sido hasta ahora, la idealización más importante que han tenido como registro de los grandes líderes y personas importantes que han roto barreras en el tiempo, todo por dejar plasmada su imagen en algún plano o figura.

               Esta herencia nos ha dejado los relieves mesopotámicos, los grandes murales egipcios con los faraones y enigmáticas anécdotas; las esculturas y vasijas griegas, las pinturas y mosaicos romanos; las grandes imágenes de cristo en los templos bizantinos, las representaciones de monarcas, reyes y santos. El retrato se tomó como algo más personal hasta la llegada del renacimiento, ahí se convierte en un elemento importante entre las sociedades, puesto que otorga posición, categoría y reconocimiento. Ya no solo pertenece a los reyes, ni a Cristo, santos o vírgenes, se vuelve parte de quien puede adquirirlo y pagarlo.

               Hasta la invención de la cámara fotográfica, el retrato no había tenido tanta presencia y utilidad que formara parte de casi cualquier persona o familia que optaba por retratarse. La fotografía se convierte en el medio esencial y en teoría más simple y rápido de capturar una imagen, idea que, sin desconectar con el pasado, nos remite a que todos tenemos la necesidad de ello, guardar nuestra imagen y exponerla a los que nos rodean. Costumbres que nos caracterizan como seres que por más que pase el tiempo, tratamos de mantener el recuerdo de quienes existieron, en un retrato.

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